Ramiro.
Nueve de la mañana. No logro salir de la cama, lo pienso, me invento planes emocionantes y lo decido, pero no me muevo. Voy a salir. Cualquier carajada es buena excusa, comprar el periódico, sacar al perro a pasear. Algo. Lo que sea, pero salir de aquí y dejar de ser uno con el colchón.
Hace un día rico, desde mi cama veo el cielo azul y la luz del sol a través de la cortina, debe de estar cálido afuera, oigo como pega el viento de Diciembre. Pero no me muevo.
No sé cómo pasan un par de horas. Sigo en la misma posición, pegado, embarrado en la cama. Pensando que si el resto de mi vida va a ser así, no sé para qué me molesto.